Pensó que sería la última vez. Susy había decidido no permitir más ultrajes. Su pareja, de 38 años al igual que ella, había hecho una costumbre llegar todos los sábados a su casa en estado de ebriedad para tomar a Susy contra su voluntad. Si ella se resistía, le pegaba y, si reclamaba, le pegaba más. En una ocasión ella terminó con la cabeza rota. Pero un día se armó de valor.
Tras escuchar los
consejos de las mujeres que denunciaron a sus parejas, decidió ir a una
comisaría y acusar al agresor. Pero se aterró cuando los efectivos
empezaron a interrogarla sobre la ropa que llevaba puesta y si de alguna forma
incitó a su pareja a la violencia. Fue peor cuando uno de los policías le
preguntó si tenía alguna prueba.
Susy es una de
las 15,000 mujeres peruanas que –según las denuncias recibidas por el
Ministerio Público– son agredidas sexualmente cada año a nivel nacional y cuyos
casos quedan impunes. La situación es alarmante, pues el Perú ocupa el primer
lugar entre los países de Latinoamérica donde se registran más
denuncias por violencia sexual.
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